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![]() CREALO-O- NO
![]() Había andado unas cuadras en la misma dirección contemplando las bien surtidas y adornadas vidrieras de exhibición donde se exponían elegantes trajes de damas y de caballeros. A la vez contemplaba las lindas chicas que transitaban por el lugar. Al poco rato veo venir un taxi y se me ocurrió la idea de hacerle señales. Era mi intención recorrer los viejos barrios bonaerenses. El taxista muy atento, me preguntó que a dónde me gustaría ir, a lo que yo le contesté, mire yo soy extranjero, "algo que no tenía que decirle porque la falta del dulce acento argentino se notaba en mi español de cubano". Me gustaría conocer los barrios de esta maravillosa ciudad. Le dije. ¡¡ Como no hombre!! suba Usted. Continuamos por aquella bella y amplia avenida (la más grande del mundo) y poco a poco nos fuimos alejando del bullicio capitalino, adentrándonos en lo que yo quería ver y conocer. Nos detuvimos frente a un lugar que según él, era muy conocido y famoso pues aquel barrio había sido la cuna del Tango. Esa casa, me dijo, ya mi amigo el taxista "Genaro era su nombre" ahí hay un bar café llamado El Viejo Almacén. Salimos del vehículo y comenzamos a caminar por una de las aceras aledañas de aquel pintoresco lugar. En una esquina, recostado en una de aquellas antiguas paredes de ladrillo rojizo, estaba un hombre como de unos 50 años que de una forma maravillosa hacía vibrar las cuerdas de su viejo violín. Vestía un elegante y moderno traje negro y una corbata de aquellas bien anchas que se usaban en tiempos anteriores. Una copiosa cabellera y barba blanca, muy bien atendidas por cierto hacían un interesante contraste con el negro de su traje. Aquel hombre de más de seis pies de estatura y de unas 180 libras de peso tenía un aspecto elegante y señorial, sin embargo su instrumento era bastante anticuado. A su lado un niño como de unos doce años sostenía un sombrero, que a mi parecer pertenecía a nuestro personaje, y cuyo propósito era el de aceptar donaciones de los transeúntes. Genaro depositó un billete en el sombreo que sujetaba el niño, no vi la denominación, pero debió haber sido pequeña, el jovencito se inclinó e hizo un gesto como reconociendo y dando las gracias por el donativo. Yo imité a Genaro, la diferencia era que yo no tenía moneda nacional, y saqué de mi cartera un billete de $10, se lo mostré al joven como preguntándole si aceptaría dinero extranjero, a lo cual el también se inclinó como respondiendo a mi pregunta en un tono afirmativo. Al depositar el dinero en el sombrero que sostenía el jovencito, noté un volumen de dinero bastante grueso. No pude calcular la cantidad, el volumen no me decía mucho, debido al valor comparativo del dólar contra la moneda nacional argentina. ¿Cómo te llamas? le pregunté- Me llamo Carlos, pero me apodan carlitos, me respondió en un tono de voz muy bajo, y añadió, a mi abuelito no le gusta que le hagan ruidos y que le molesten cuando él está tocando su violín. Perdona, le dije y continuamos caminando. Caminamos unas cuantas cuadras más y mi curiosidad me instigó a que regresáramos por el mismo rumbo. Esta vez el caballero del violín estaba tomando un descanso, oportunidad que aproveché para saludarle y felicitarle por lo magistral en que hacía vibrar las cuerdas de aquel vetusto instrumento. De dónde eres me preguntó, soy cubano, cubano viviendo en Los Estados Unidos, y cómo te llamas continuó, Félix, me llamo Félix Pagés-Romeo, le respondí. El hombre hizo un gesto, movió su cabeza hacia abajo y me dijo. Tuve un buen amigo que se llamaba igual que tú, pero no era cubano...bueno, en realidad Félix es un nombre internacional. Entonces extendió su mano hacia mí diciendo. Gusto de conocerle Félix, yo me llamo Carlos, Carlos Gardel, y mi nieto se llama igual que yo. Por un minuto miré a aquel hombre con asombro, el notando mi reacción dijo. Si, ya sé lo que está pensando, muchos dicen que estoy loco, pero mire UD. Félix, mi padre fue un cantante famoso, yo heredé su talento, pero siempre me incliné a la música, y he jurado que recorreré el mundo llevando la música de mi país y el nombre de mi padre por todo el mundo. Hoy estoy aquí, la semana pasada estuve en Madrid, y en Barcelona, la semana que viene andaré por otros lares, y eso lo continuaré haciendo siempre que mis admiradores cooperen conmigo y sigan siendo siempre tan generosos con sus donaciones. Me despedí de Carlos y Carlitos, y mientras Genaro y yo caminabamos hacia el automóbil, se acercó a mí y me susurró al oído. Lo que él le dijo es cierto, está loco. Pasó el tiempo, "nueve años" Estando en Viena, Austria se nos hacía tarde para ver un concierto de Johan Straus. Llamamos un taxi, y al acercarse a nuestro grupo, el taxista se nos dirigió en alemán con un acento muy fuerte, yo no le entendí nada, y murmuramos entre nosotros algunas palabras en español. Ahh, pero hablan español, yo también, soy argentino, suban yo les llevaré a donde quieran ir y les cobraré muy barato. La voz y el físico de aquel hombre me hirió el recuerdo, pero más aún cuando se identificó y nos dijo de nuevo, suban...suban, yo me llamo Genaro. Subimos, el taxista, por ley, sólo estaba permitido a llevar cuatro pasajeros, nosotros éramos cinco. Subimos y nos bajamos a dos cuadras del teatro. Cuando caminábamos hacia la entrada vimos a un hombre como de unos sesenta años, vestido con un elegante traje de color negro, que hacía lucir aún más blanca, su bien cuidada barba, y su abundante cabellera. Las notas de aquel violín hacían vibrar de emoción a todos los transeuntes, y por lo que yo pude apreciar todos o casi todos los que por allí pasaban le brindaban a aquel mago del violín su generoso reconocimiento monetario. A su lado un joven de unos veinte años sostenía el sombrero donde las donaciones eran depositadas. Me detuve a mirarles y le saludé. Hola Carlos, aquel hombre me miró a los ojos fijamente y sonriente me extendió su mano diciéndome. Hola Félix. ![]() |
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